China supera a India y Brasil y emerge como el principal proveedor de la economía halal de la OCI
La capacidad manufacturera, los precios competitivos y las redes logísticas de China están modificando el comercio con los países musulmanes y aumentando la competencia dentro del mercado halal internacional.
China está consolidando una posición inesperadamente relevante dentro de la economía halal mundial. De acuerdo con los últimos datos disponibles de DinarStandard, el país asiático se convirtió en el principal exportador hacia los 57 Estados miembros de la Organización de Cooperación Islámica (OCI).
Durante 2023, las exportaciones chinas relacionadas con los sectores de la economía halal alcanzaron aproximadamente US$32.500 millones, superando a India, con US$28.900 millones, y a Brasil, con US$26.900 millones.
Este comercio comprende diferentes categorías vinculadas con el consumo musulmán, entre ellas alimentos, moda modesta, cosméticos, productos farmacéuticos, artículos religiosos, medios de comunicación y productos recreativos.
Manufactura y logística impulsan el avance chino
La expansión de China se apoya en su amplia capacidad industrial, costos competitivos, rapidez para adaptar productos, infraestructura logística y creciente presencia comercial en Medio Oriente, Asia Central y el Sudeste Asiático.
Ciudades manufactureras como Yiwu se han transformado en importantes centros de producción y comercialización de artículos destinados a consumidores musulmanes, incluyendo alfombras de oración, vestimenta modesta, decoraciones para Ramadán y diversos bienes de consumo.
El desarrollo del comercio electrónico también facilita que fabricantes chinos lleguen directamente a distribuidores y consumidores en mercados de mayoría musulmana.
La certificación continúa siendo el principal desafío
A pesar de su fortaleza productiva, China todavía enfrenta un desafío importante: la diversidad de normas y sistemas de certificación halal existentes entre los países importadores.
A diferencia de mercados como Malasia o Indonesia, China no dispone de un sistema halal nacional unificado con reconocimiento generalizado. Por esta razón, sus fabricantes deben adaptar sus procesos, documentación y certificaciones a las exigencias particulares de cada mercado de destino.
También es importante precisar que exportar hacia un país musulmán o fabricar productos destinados a consumidores islámicos no demuestra, por sí solo, que un producto sea halal. La condición halal debe estar respaldada por la evaluación de ingredientes, procesos productivos, prevención de contaminación cruzada, trazabilidad y una certificación emitida por una entidad reconocida en el mercado correspondiente.
Una señal para los exportadores latinoamericanos
El avance de China demuestra que la competencia en la economía halal ya no se limita a los grandes exportadores tradicionales de alimentos, como Brasil, India o Australia.
Para las empresas chilenas y latinoamericanas, esta transformación refuerza la necesidad de diferenciar sus productos mediante certificaciones halal internacionalmente reconocidas, trazabilidad documental, calidad sanitaria, sostenibilidad y una estrategia comercial adaptada a cada país musulmán.
En un mercado donde la capacidad productiva y el precio adquieren cada vez mayor relevancia, la confianza y la integridad de la certificación halal pueden convertirse en factores decisivos para competir.
Según el informe State of the Global Islamic Economy 2025/26, el gasto de los consumidores musulmanes en seis sectores de la economía islámica alcanzó US$2,6 billones en 2024 y podría llegar a US$3,56 billones en 2029, confirmando la magnitud de las oportunidades comerciales en desarrollo.
Fuentes: South China Morning Post y State of the Global Islamic Economy Report 2025/26 — DinarStandard.
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